¿Quién no se ha enfrentado a la lucha de cambiar de un teléfono Android a un iPhone o viceversa, lidiando con el drama de transferir datos como nombres, direcciones, números de teléfono y direcciones de correo electrónico? En el pasado, este proceso era todo un reto porque las dos plataformas utilizaban sistemas diferentes. Se necesitaba un software especial o había que acudir a una tienda con herramientas específicas, y era cualquier cosa menos sencillo. Hoy, las cosas son mucho más fáciles: los datos pueden exportarse utilizando formatos estándar como archivos .csv, legibles con programas como Excel. Basta con decirle al nuevo dispositivo que importe la lista de contactos desde el archivo .csv.
El proceso se hizo aún más fluido con la llegada de las cuentas de Google. Al guardar tu lista de contactos en Google, puedes acceder a ella en cualquier dispositivo, ya sea Android o iPhone. Al configurar tu nuevo teléfono con tu cuenta de Google, la lista de contactos se sincroniza automáticamente.
Este ejemplo ilustra un principio técnico: datos como nombres, direcciones de correo electrónico o números de teléfono no son intrínsecamente incompatibles. El problema surge de la falta de un protocolo compartido y normalizado, no de los datos en sí. Cuando se formatean de manera estándar, como en un archivo .csv, los datos pueden ser interpretados universalmente por cualquier sistema.
En sanidad, el problema de la interoperabilidad de los datos no es técnico, sino económico y político. Es una "guerra" entre empresas que compiten por imponer sus sistemas y "sellos" para obtener ventajas económicas. Esto recuerda a las batallas tecnológicas del pasado, como la del VHS contra el Betamax o la del CD contra el Minidisc, en las que no siempre ganaba el mejor sistema.
La sanidad, dominada por grandes actores privados más que por el sector público, es especialmente susceptible a este tipo de competencia. Las grandes empresas, a través de grupos de presión, presionan para establecer sus protocolos patentados, que a menudo entran en conflicto con los distintos intereses nacionales. Este conflicto frena la adopción de soluciones compartidas.
Tomemos el ejemplo de la Unión Europea: con sus 27 Estados miembros, podría tener hasta 54 "campeones" (dos por país) compitiendo para que se adopte su sistema. Esto hace casi imposible establecer un protocolo unificado. Las naciones más pequeñas corren el riesgo de quedar excluidas, y el resultado es una fragmentación que obstruye el progreso.
Centrándonos en los datos sanitarios: la historia clínica digital, aunque importante, no es más que una instantánea estática de la salud de un paciente. El gemelo digital, en cambio, es un concepto mucho más avanzado. Recoge y analiza continuamente datos como la tensión arterial, el peso, la calidad del sueño, etc., actualizándolos en tiempo real. Este enfoque dinámico produce curvas y patrones que ayudan a los médicos a comprender mejor el estado del paciente y responder con precisión.
Por desgracia, el sector sanitario sigue estancado en la visión estática de las historias clínicas, lejos del potencial del gemelo digital. Este estancamiento se deriva de la fragmentación y las batallas por el control de los protocolos, que siguen retrasando los avances en un campo que necesita urgentemente normas compartidas y tecnologías innovadoras.
Sergio d'Arpa